Han vuelto
Me había casi resignado a no verlos. Otros más vistosos
ocupaban su espacio, o más grandes. Mirlos, palomas, urracas…A estos nuevos no
les reprocho casi nada, sobre todo ahora que están dinámicos y juguetones tejiendo
los nidos. Pero mis preferidos son los gorriones. Faltaron o los eché en falta
durante casi un año y yo pensaba que habían desaparecido, ese concierto de piares en los árboles y en
las aceras. Suponía que les había faltado competitividad y se habían retirado.
Pero un buen día de primavera, cuando ya el recuerdo de Claudio Rodríguez se me
estaba perdiendo entre las líneas borrosas de los sueños, ahí estaban ellos,
pardos, cotidianos, insignificantes, inquietos, los pájaros de asfalto. No son
tantos como antes, pero ya anidan otra vez y son suficientes para recordar nítidamente al
poeta, tan sencillos y tan a la mano como él, tan necesarios.
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